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viernes, 2 de marzo de 2012

Desconecta

Mientras el tocadiscos giraba con su tema preferido, él estaba de pie delante de la chimenea, dándome la espalda, quieto y callado. Me acerqué lentamente. Por un momento pensé en cogerle la mano, pero no quería asustarlo. Le toqué el hombro con suavidad y él se giró con su mejor sonrisa dibujada en la cara. Cogió mis manos sin importarle lo frías que las tenía. Y de un momento a otro, sin darme cuenta, los dos estábamos bailando en medio del salón. No dejaba de sonreír y eso me hacía la mujer más feliz del mundo. Cuando el tocadiscos cambió la canción, seguíamos bailando... Yo decidí dejar todo de lado y disfrutar de ese precioso momento junto a él. Me acomodé en su pecho mientras nuestros pies jugaban al ritmo de la música. Y después sellamos el final del baile con el beso más bonito del mundo.

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