Subidón de felecidad.
Me cabree con mis padres y me fui a dar una vuelta. Caminaba por una calle húmeda y silenciosa, típica en mi pueblo. Iba sola y escuchaba mis pasos. Después de unos minutos empecé a oír otros pasos detrás de mi y me asusté, por eso no me di la vuelta. Continué andando más rápido. Supe que alguien me seguía y paré en seco y sus pasos se silenciaron. Me giré, enrabiada para saber qué pasaba. Le reconocí por la chaqueta, esa chaqueta que nunca me gustó, su chaqueta. Un subidón recorrió mi cuerpo y sabía que volvió para quedarse. Mi heroe.
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