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domingo, 24 de enero de 2010

Ruptura.

Y en el peor momento escuché su voz. Suave y dulce como siempre. No pude evitar abrir los ojos, pues lo necesitaba... a él, claro. Los abrí y todo estaba oscuro. Tenía muchísimo miedo y me empezaron a temblar los pies y los brazos... Un escalofrío curzó mi espalda, y lentamente, muy lentamente, noté como su cálida mano me apartaba el pelo de la nuca. Un alivio. Sabía que era él, sin duda. pero estaba tenso, sus ojos nerviosos y le temblaba la voz. ¿Qué pasaba? ¿Ya no me quería? Me dijo que nunca se acabaría, que él siempre me iba a querer hasta los fines de sus días. Pero alguien dijo alguna vez "nada es para siempre". Y esta vez no era una excepción. Siempre tengo mala suerte.

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